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Un prisionero del futuro post-apocalíptico viaja al pasado para encontrar la fuente de un virus que ha matado a casi toda la humanidad. Terry Gilliam filma el thriller de viajes en el tiempo más paranoico del cine de los noventa. La paradoja: el viajero que intenta cambiar el pasado es la causa de que el pasado sea como es.
| Año | 1995 |
| Director | Terry Gilliam |
| IMDB | tt0114746 · 8.0/10 |
| FilmAffinity | buscar ficha |
| JustWatch | disponibilidad en España |
| Intervalo | 1990–2000 — la paradoja del viajero atrapado |
| Categoría | Viajes en el tiempo / Paradojas / Pandemia / Distopía |
Doce monos es el thriller de viajes en el tiempo que más seriamente se toma la imposibilidad de cambiar el pasado. Cole (Bruce Willis) viaja del futuro al pasado no para cambiar los eventos sino para recopilar información que permita a los científicos del futuro desarrollar un antídoto. La misión está construida sobre un paradoja de base: si el pasado ya ocurrió, viajar a él no puede cambiarlo —solo puede confirmar lo que ya ocurrió—, y Cole, gradualmente, empieza a sospechar que su memoria del futuro y los eventos que observa en el pasado son la misma cosa vista desde perspectivas temporales distintas.
Gilliam filma la paranoia de esa sospecha con la misma energía barroca que puso en Brazil: los entornos distópicos del futuro subterráneo, los psiquiátricos del pasado donde Cole parece un demente, la ambigüedad permanente entre lo que es real y lo que es alucinación. La película no dice hasta casi el final si Cole está loco o si sus experiencias son reales, y la resolución —que ambas cosas son compatibles, que estar loco y tener razón no se excluyen— es filosóficamente más honesta que las películas que eligen entre una y otra.
Brad Pitt como Jeffrey Goines, un activista de los derechos de los animales que resulta ser el sospechoso central, produce una actuación que estuvo a punto de no ser tomada en serio y que es uno de los mejores retratos de la mente disruptiva en el cine de los noventa. Goines habla demasiado rápido, piensa en demasiadas cosas simultáneamente, conecta ideas de maneras que parecen absurdas hasta que resultan no serlo del todo. La película usa esa energía para mantener al espectador tan desorientado como Cole.
Por qué aparece en el ensayo sobre viajes en el tiempo: Doce monos es la representación cinematográfica más pesimista del determinismo temporal: la película propone que el pasado ya es lo que es y que los viajeros que intentan cambiarlo solo confirman los eventos que intentaban evitar. Ese modelo —el tiempo como bucle cerrado donde la agencia individual es ilusoria— es la versión más fatalista del problema de causalidad que el ensayo explora.
Se cita en estos ensayos: