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La secuela de 2001 que nadie pidió y que resulta ser una película de ciencia ficción competente y honesta sobre cooperación científica en plena Guerra Fría. Peter Hyams rescata el monolito, explica a HAL y convierte Júpiter en un segundo sol. Menos ambiciosa que el original, más accesible, más política.
| Año | 1984 |
| Director | Peter Hyams |
| IMDB | tt0086837 · 6.9/10 |
| FilmAffinity | buscar ficha |
| JustWatch | disponibilidad en España |
| Intervalo | 1980–1990 — cooperación científica en la Guerra Fría |
| Categoría | Grandes centros / Exploración espacial / Guerra Fría |
2010 se enfrenta al problema imposible de ser secuela de 2001 y resuelve ese problema cambiando completamente de registro: donde Kubrick era abstracta, deliberadamente opaca e irresistiblemente hermosa, Hyams hace ciencia ficción convencional y bien ejecutada. No intenta competir con el original; lo usa como punto de partida para un thriller de cooperación espacial entre americanos y soviéticos en plena tensión de la Guerra Fría. El resultado es una película que en cualquier otra secuencia de eventos sería considerada un buen trabajo y que comparada con 2001 solo puede parecer menor.
Lo que 2010 hace bien que el original no hace es explicar: los científicos tienen conversaciones sobre qué ocurrió en la primera película, qué significa el monolito, qué le pasó a HAL. Esas explicaciones son satisfactorias dramáticamente aunque traicionen el espíritu de ambigüedad del original. La escena en la que Dr. Chandra (Bob Balaban) habla con HAL sobre por qué mintió en la primera misión —y HAL lo explica con la lógica de alguien que recibió instrucciones contradictorias y tuvo que resolverlas de la manera más eficiente— es uno de los mejores tratamientos del problema de la ética en IA anteriores a la era contemporánea.
La cooperación entre la misión americana y la tripulación soviética —obligada por las circunstancias y dificultada por la política— captura algo real sobre cómo funciona la ciencia internacional bajo presión política: los científicos tienen más en común entre sí que con sus gobiernos, pero los gobiernos toman las decisiones. Esa tensión entre la comunidad científica internacional y los Estados que la financian es un tema real del que la película hace buen uso sin convertirlo en propaganda.
Por qué aparece en el ensayo sobre grandes centros: 2010 es el documento cinematográfico más directo sobre cooperación científica internacional en el contexto de la Guerra Fría: dos superpotencias que tienen que compartir una misión espacial mientras sus gobiernos están al borde del conflicto. Esa tensión entre la lógica de la ciencia (que necesita cooperación) y la lógica de la política (que exige lealtades) es una de las estructuras centrales del ensayo sobre grandes centros.
Se cita en estos ensayos: