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Un astronauta aterriza en un planeta donde los simios son la especie dominante y los humanos los animales. Franklin Schaffner filma la alegoría más popular de la ciencia ficción del siglo XX, con el giro final más citado de la historia del género. La Estatua de la Libertad en la arena: la Tierra siempre fue el destino.
| Año | 1968 |
| Director | Franklin J. Schaffner |
| IMDB | tt0063442 · 8.0/10 |
| FilmAffinity | buscar ficha |
| JustWatch | disponibilidad en España |
| Intervalo | 1960–1970 — la guerra nuclear como fin de la civilización |
| Categoría | Catástrofes / Distopía / Alegoría / Guerra nuclear |
El planeta de los simios funciona en 1968 como alegoría de la Guerra Fría: el planeta de los simios es la Tierra después de una guerra nuclear que ha destruido la civilización humana y ha permitido que los simios evolucionen hasta ocupar el lugar que antes tenían los humanos. El giro final — la Estatua de la Libertad enterrada en la arena — no es una sorpresa para el espectador moderno (es demasiado citada), pero en 1968 era una de las pocas imágenes cinematográficas que ponían la destrucción nuclear en términos concretos: esto es lo que puede quedar, una ruina en la playa.
Lo que hace a la película intelectualmente interesante es la inversión del especismo: Taylor (Charlton Heston) asume la superioridad de los humanos como algo natural y descubre que esa asunción es arbitraria — los simios tienen exactamente los mismos argumentos para asumir la suya. La película usa la inversión para plantear la pregunta de qué es la civilización y qué la hace frágil: no el nivel tecnológico (los simios son tecnológicamente menos avanzados) sino la capacidad de construir instituciones que sobrevivan al individuo.
El Doctor Zaius (Maurice Evans), el orangután científico que sabe la verdad sobre el origen de los humanos y la suprime, es el arquetipo del científico-custodio: el que protege al sistema del conocimiento que lo desestabilizaría. Ese arquetipo —el experto que tiene información que decide no compartir porque las consecuencias serían socialmente desestabilizadoras— tiene relevancia en debates sobre comunicación científica y transparencia que van más allá de la alegoría de la Guerra Fría.
Por qué aparece en el ensayo sobre catástrofes: El planeta de los simios es la alegoría más popular de la destrucción nuclear como catástrofe civilizacional: no la explosión sino lo que queda después, el mundo que emerge de las ruinas cuando la humanidad ha tenido tiempo de extinguirse. La película usa ese escenario para hacer preguntas sobre la fragilidad de la civilización que el cine de catástrofe convencional suele ignorar.
Se cita en estos ensayos: