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Los Borg viajan al pasado para evitar el primer contacto entre humanos y vulcanos. La Enterprise los sigue. Y mientras tanto, la mitad de la tripulación se va convirtiendo en robot sin que nadie lo note a tiempo.
| Año | 1996 |
| Director | Jonathan Frakes |
| IMDB | tt0117731 · 7.6/10 |
| FilmAffinity | buscar ficha |
| Intervalo | 1966–1996 — de la guerra fría a la ansiedad tecnológica |
| Categoría | Catástrofes / Viajes en el tiempo |
Los Borg son la mejor idea de catástrofe que ha producido la franquicia porque no destruyen: asimilan. No hay explosión, no hay villano que quiera el poder, no hay bomba que desactivar en el último segundo. Hay un colectivo que llega, evalúa que resultas funcional, y te incorpora. La amenaza no es la muerte sino la desaparición de la diferencia. Eso, en 1996, con internet todavía nueva y el debate sobre qué hace la tecnología en red a la identidad individual todavía en pañales, era una imagen muy potente. Ahora mismo lo es más.
El viaje temporal como mecanismo está ahí — los Borg van al pasado a evitar que la humanidad haga contacto con los vulcanos y así nunca se vuelva suficientemente poderosa para resistirlos — pero es un pretexto. La película no está interesada en las paradojas temporales. Está interesada en la pregunta de hasta dónde puede llegar la asimilación antes de que alguien lo note, y quién decide cuándo hay demasiado en juego para seguir siendo humano. La capitana Borg con cara de Picard lo dice sin rodeos: “la resistencia es fútil”. Y lo dice con una serenidad que da más miedo que cualquier amenaza explícita porque es completamente razonable desde su punto de vista.
La parte en el pasado, con Zefram Cochrane a punto de hacer el primer vuelo a velocidad de deformación mientras bebe bourbon y escucha Steppenwolf, es deliberadamente absurda. El hombre que va a cambiar la historia de la especie humana resulta que es un borracho que solo quería hacerse rico. La película lo plantea como chiste y como tesis al mismo tiempo: los momentos fundacionales no los protagonizan héroes diseñados para eso. Los protagonizan personas caóticas que estaban en el lugar correcto con suficiente financiación. Eso es, curiosamente, bastante fiel a cómo funciona la historia de la ciencia.
Lo que no es fiel a nada es la física del teletransporte en escena de combate, pero a estas alturas eso es pedir demasiado.
Por qué está en dos categorías: Formalmente es viaje en el tiempo — el motor narrativo es temporal. Pero la catástrofe que hay que evitar no es una guerra ni una explosión: es un futuro en el que la especie humana nunca llegó a desarrollar la tecnología de impulso de deformación porque los Borg la absorbieron antes de que pudiera. Es una catástrofe por sustracción. Por eso tiene más que decir en el ensayo de catástrofes que en el de viajes temporales: la imagen central no es la paradoja, sino el vaciado progresivo de autonomía bajo una lógica de eficiencia perfecta. Eso no ha envejecido nada.
Se cita en estos ensayos: