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La Enterprise viaja al pasado a buscar ballenas jorobadas porque una sonda alienígena está destruyendo la Tierra esperando que alguien le conteste. En 1986. Con ballenas.
| Año | 1986 |
| Director | Leonard Nimoy |
| IMDB | tt0092007 · 7.3/10 |
| FilmAffinity | buscar ficha |
| Intervalo | 1966–1986 — la era clásica mirando al presente |
| Categoría | Viajes en el tiempo / Catástrofes |
La sinopsis dice que la tripulación del Enterprise viaja al pasado para salvar la Tierra de una sonda alienígena. Lo que no dice es que el plan consiste en robar ballenas jorobadas de 1986 porque la sonda lleva días emitiendo en frecuencias de cetáceo y espera respuesta, y en el siglo XXIII ya no queda ninguna. Eso es literalmente lo que pasa. Y funciona.
Star Trek IV es la película más rara de la franquicia y probablemente la más honesta. No hay villano. No hay batalla espacial. Hay a Kirk y Spock en San Francisco confundidos por los precios del autobús, a Chekov preguntando por “nuclear wessels” en un astillero de la Marina americana con acento soviético indestructible, y a Bones diagnosticando la medicina del siglo XX como si acabara de entrar en una carnicería. Comedia de costumbres disfrazada de ciencia ficción, y la película lo sabe y no le da ninguna vergüenza.
El mecanismo de viaje temporal — la honda gravitatoria alrededor del sol — está usado con la misma soltura con que uno usa el ascensor sin saber exactamente cómo funciona. Nadie asesoró esto, nadie pretende que lo hicieron. La película establece la regla, la usa y sigue adelante. Comparado con el peliculón que te detiene cuatro minutos para explicar pseudofísica con cara de estar resolviendo la relatividad general en vivo, esto es casi un acto de honestidad intelectual.
Lo que sí toma completamente en serio es el fondo: en 1986 las campañas contra la caza de ballenas llevan años en marcha, y la película convierte esa causa en crisis cósmica. El universo llama y no puede contestar nadie porque hemos eliminado al único interlocutor posible. Una civilización capaz de viajar entre estrellas sigue siendo torpe cuando se trata de escuchar otras formas de vida. No necesitan explicitarlo mucho: la imagen de una sonda alienígena evaporando océanos porque busca una voz que ya no existe lo dice todo.
Por qué está en dos categorías: Es formalmente una película de viajes en el tiempo — el mecanismo temporal es el motor narrativo. Pero el desastre que hay que evitar no lo provoca ningún villano ni ninguna guerra: lo provoca una extinción que pasó décadas antes sin que nadie lo considerara urgente. Eso la pone también en la categoría de catástrofes, y del tipo más incómodo: el que ya ocurrió.
Se cita en estos ensayos: