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Un consultor de imagen de 40 años amargado y exitoso se encuentra con su propio yo de 8 años. Sin máquina, sin explicación física: el encuentro con el niño que uno fue como dispositivo para interrogar las decisiones que construyeron al adulto.
| Año | 2000 |
| Director | Jon Turteltaub |
| IMDB | tt0219854 · 6.5/10 |
| FilmAffinity | buscar ficha |
| JustWatch | disponibilidad en España |
| Intervalo | 1995–2005 — el tiempo como distancia del yo al yo |
| Categoría | Viajes en el tiempo / Identidad / Libre albedrío |
The Kid es una película de Disney que prescinde deliberadamente de cualquier explicación sobre cómo funciona el encuentro que propone. Russ Duritz (Bruce Willis) es un consultor de imagen de 40 años, cínico, solo y bastante desagradable con todo el mundo. Un día aparece en su vida Rusty, su yo de 8 años, sin que nadie entienda por qué ni cómo. Los dos tienen que convivir mientras descubren qué recuerdos compartidos llevaron al adulto a convertirse en lo que es.
No hay física aquí: no hay máquina, no hay portal, no hay anomalía temporal. La película usa el encuentro entre versiones del mismo personaje como dispositivo puramente psicológico. Rusty recuerda cosas que Russ ha suprimido; Russ tiene que explicarle a Rusty quién va a ser, sabiendo que esa explicación lo convierte en el tipo que es ahora. La paradoja que la película explora no es causal sino identitaria: ¿somos la suma de las decisiones que tomamos, o hay un yo continuo que permanece independientemente de esas decisiones?
Desde el punto de vista del blog, The Kid representa el extremo más suave del espectro de viajes temporales: no hay consecuencias cosmológicas, no hay líneas de tiempo que bifurcan, no hay física imposible que discutir. Hay una pregunta sobre la continuidad del yo en el tiempo que el cine de ciencia ficción suele hacer con más aparato tecnológico pero no necesariamente con más honestidad. La simplicidad del planteamiento — nada más que dos versiones del mismo hombre frente a frente — deja la pregunta filosófica en el centro sin distracciones.
Por qué aparece en el ensayo sobre viajes en el tiempo: The Kid muestra que el encuentro entre versiones temporales de uno mismo no requiere ningún mecanismo físico para plantear preguntas válidas sobre determinismo e identidad. Es el caso límite del género: viaje temporal como metáfora psicológica pura, sin física ni paradojas, solo la distancia entre quien fuimos y quiénes somos.
Se cita en estos ensayos: