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Recurso visual
Dos magos rivales en el Londres victoriano. Uno de ellos usa a Tesla para construir una máquina que duplica objetos. La otra mitad de la película es sobre obsesión, secreto y la diferencia entre entender cómo funciona algo y estar dispuesto a pagar el precio de que funcione. Nolan en su mejor momento.
| Año | 2006 |
| Director | Christopher Nolan |
| IMDB | tt0482571 · 8.5/10 |
| FilmAffinity | buscar ficha |
| JustWatch | disponibilidad en España |
| Intervalo | 2000–2010 — ciencia como magia comprendida |
| Categoría | Matemáticos e ingenieros / Obsesión / Electricidad |
The Prestige usa a Nikola Tesla (David Bowie, en una elección de casting que es en sí misma un argumento sobre Tesla) como pivote entre la magia de ilusionismo y la magia de la ciencia. Tesla construye para Angier (Hugh Jackman) una máquina que teletransporta y duplica objetos vivos. La máquina funciona. El problema no es tecnológico: es que la teletransportación de esta película crea una copia y destruye el original, y la película nunca resuelve cuál de los dos es el “verdadero”. Eso no es un descuido narrativo; es el problema filosófico central.
El Tesla de la película es una representación razonablemente fiel en algunas dimensiones: el aislamiento voluntario, la financiación problemática, la tensión con Edison, la electricidad como campo de investigación en el borde de lo comprendido. Lo que la película añade — la máquina de duplicación — es imposible, pero está construida sobre bases reales: la bobina de Tesla existió, sus experimentos con resonancia electromagnética existieron, su reputación como inventor que trabajaba en los límites de lo explicable existió. La película usa esa reputación para colocar su imposibilidad en un lugar plausible.
El verdadero tema de The Prestige no es la magia ni la tecnología: es la obsesión. Los dos magos rivales pasan la película destruyéndose mutuamente a costes crecientes, hasta el punto en que la victoria deja de importar porque el precio pagado la hace ininteligible. Alfred Borden (Christian Bale) tiene el secreto más perturbador; Angier, la solución más inquietante. La película propone que la búsqueda del conocimiento perfecto — el truco que nadie puede explicar — puede convertirse en una compulsión que consume todo lo demás. Tesla lo advierte y Angier no escucha.
Por qué aparece en el ensayo sobre matemáticos e ingenieros: The Prestige muestra la figura del inventor como mago comprendido: lo que Tesla hace es incomprensible para los contemporáneos pero tiene base en principios físicos reales. Esa posición — el científico en el límite entre la comprensión y el misterio — es uno de los arquetipos que el bloque analiza. La película también plantea la pregunta sobre la obsesión como motor del trabajo científico, que es un tema recurrente en la representación del investigador en el cine.
Se cita en estos ensayos: