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Un general americano convencido de que los soviéticos están contaminando los fluidos corporales americanos activa un ataque nuclear no autorizado. El presidente intenta detenerlo. El científico nazi reconvertido en asesor tiene sugerencias al respecto. Kubrick lo rodó como comedia.
| Año | 1964 |
| Director | Stanley Kubrick |
| IMDB | tt0057012 · 8.4/10 |
| FilmAffinity | buscar ficha |
| JustWatch | disponibilidad en España |
| Intervalo | 1950–1970 — el físico y la bomba |
| Categoría | Geopolítica / Guerra fría / Sátira |
Dr. Strangelove es la película que demostró que se puede hacer comedia sobre el apocalipsis nuclear si el absurdo de la situación ya es suficientemente grande como para que la sátira no tenga que añadir mucho. Kubrick rodó la misma historia dos veces en paralelo — primero como thriller serio (Fail Safe, de Sidney Lumet, el mismo año) — y eligió la versión cómica porque concluyó que era la más honesta. Tenía razón: la lógica de la destrucción mutua asegurada es tan abiertamente absurda que tratarla con solemnidad añade una capa de dignidad que no merece.
El Dr. Strangelove del título es un científico alemán — ex nazi reconvertido en asesor de defensa americano — cuya mano derecha tiene impulsos autónomos fascistas y cuya mente está completamente consagrada al problema técnico del exterminio eficiente. Es una caricatura, pero está construida sobre personas reales: Kubrick se inspiró en varios científicos emigrados que trabajaban para el gobierno americano en los años cincuenta y sesenta, incluyendo a Werner von Braun. Que la sátira sea reconocible es parte del chiste y parte del horror.
La película plantea sin decirlo explícitamente la pregunta que el blog tiene que hacerse sobre la geopolítica de la ciencia: ¿qué pasa cuando el conocimiento técnico que permite la física nuclear se pone al servicio exclusivo de la lógica militar? La respuesta de Strangelove es que los científicos se vuelven administradores de paradojas: si ambos lados tienen capacidad de destrucción total, la única posición racional es no usarla, lo cual requiere que ambos lados confíen en que el otro es racional, lo cual requiere comunicación, lo cual la película elimina sistemáticamente.
El final — con Slim Pickens montando la bomba hacia el objetivo — es la imagen más perfecta del absurdo tecnológico que ha producido el cine.
Se cita en estos ensayos: