Los rayos cósmicos son conjuntos de partículas que viajan a velocidades muy parecidas a la de la luz y son por tanto altamente energéticas (varios TeV). No se sabe muy bien dónde se generan, pero sí sabemos que alcanzan nuestro planeta continuamente.
Gracias a la atmósfera y al campo magnético terrestre, los cósmicos se descomponen en cascadas de partículas menos lesivas para el ser humano, lo que permite su estudio. A estas descomposiciones se las conoce como cascadas atmosféricas o lluvia cósmica. No solo se ignora qué tipo de partículas originan estas cascadas, sino que los científicos desconocemos su lugar de origen y el mecanismo capaz de impartirles semejantes velocidades y energías.
Las energías más altas que conocemos

Los rayos cósmicos presentan las energías más altas que se pueden obtener en física de partículas, decenas de miles de veces mayores de las que puede generar un gran colisionador como el LHC. El principal inconveniente es que nadie sabe ni qué ni cuándo llegarán. Aun así, son fuente de constante estudio.
La secuencia de una cascada
Por ejemplo, un protón de 10¹⁵ eV penetra en la atmósfera a 35 km de altitud. Al nivel del suelo llegan unas 10¹⁶ partículas secundarias, de las cuales el 18% son gammas, otro 18% electrones y positrones, 1.7% muones y 0.3% hadrones. Esas partículas secundarias son las que registra nuestro detector.
Del Pierre Auger a tu cámara
El observatorio Pierre Auger, en Argentina, tiene como finalidad la detección de estos rayos cósmicos y sus cascadas; es quizás el mejor laboratorio a nivel mundial dedicado a este fenómeno. Nuestro proyecto pretende dotar a cualquier persona interesada de un marco técnico e informático para la detección y registro de estas cascadas, basado en los mismos principios que se utilizan en el Pierre Auger, pero con una cámara de consumo.
Carl Sagan lo explicaba mejor que nadie
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